Wacken 2014: de lo social a lo musical

Después de muchos años de haberme enterado de la existencia del festival musical más grande del mundo, al fin pude decir que estuve ahí. 

Casi 80.000 personas de todos los países del mundo, reunidas por varios fines que más adelante nombraré, pero esos 80 mil son quienes hacen especial esta publicación y quienes hacen posible que desde hace 25 años un grupo de personas emprendedoras lograran reunir tantas almas en busca de escuchar, compartir y disfrutar de -subjetivamente- buena música. 

Muchas quincenas ahorradas, horas en la web investigando, y algo de suerte, me permitieron ser testigo de un pequeño gran experimento social que se lleva a cabo en este tipo de festivales, donde 80 mil personalidades diferentes se reúnen para demostrar lo bueno y lo malo que llevamos en nuestra sociedad, de cómo nos expandimos al mundo y de cómo hacemos que ese tormentoso ruido del Heavy Metal nos parezca placentero. 

Apenas llegando al muy pequeño pueblo de Wacken, al norte de Alemania, se empezó a sentir eso que muchos llamamos “atmósfera musical”; sientes que todos están ahí por lo mismo que tú, la emoción te embarga y solo quieres detener el tiempo porque sabes que esos cinco días de camping se irán muy rápido. 

Canjear boletos, buscar el Metal Bag y reservar un sitio para acampar es el inicio de la aventura que cualquier metalhead habría soñado. 

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Los venezolanos asistentes a Wacken son muy pocos, calculo que unas 40 personas amantes de las arepas estábamos allí. Ser venezolano en un festival que reúne a todos los países del mundo resulta ser algo muy peculiar, pues, desde preguntarte si vives en dictadura, burlarse del “presidente del pajarito”, y preguntarte por el “big ass” de las venezolanas, resulta ser un tema de interés para el europeo en general. 

Al venezolano lo ven afuera como aquel que sufrió demasiado para llegar hasta el Wacken (y mentira no es), como aquel que viene de un país lejano donde casi no se escucha música extrema y que es famoso por tener mujeres hermosas.

Es verdad, por eso quizás me sentí algo incómodo porque no supe si sentirme como héroe o totalmente apenado. Tanto que un holandés al enterarse de que vine desde Venezuela, me felicitó y dijo que quería ser mi mejor amigo. Obviamente él estaba borracho y por eso no le presté demasiada atención. 

Pero es eso, el venezolano se reconoce el todo el mundo, es conocido y apoyado por algún italiano que en pleno concierto me dijo “ojalá la Vinotinto vaya al próximo Mundial”. Casi lloro con eso, pero en Wacken hay que ser muy heavy metal y no llorar. 

En el primer día de concierto realmente no escuché mucho, pues estaba muy pendiente de qué comer y qué no. Eso sí, mucha caminata y joda con el resto del tour venezolano. Al segundo día de festival, tenía curiosidad por escuchar bandas como Hammerfall y Saxon, pero al final de cuentas me los perdí. Preparaba fuerza para los dos siguientes días de destrucción total. Ya mi pálida piel era marrón tras los fuertes embates de tierra que se levantaba sobre la multitud. 

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Al tercer y cuarto día de festival tuve la oportunidad de apreciar muchas bandas que desde siempre han llamado mi atención: 

Chthonic. 

Heaven Shall Burn 

Devin Townsend

Children Of Bodom

Apocalyptica

Carcass

Slayer

Arch Enemy

Behemoth

Emperor

Amon Amarth

Megadeth

Kreator

Musicalmente, eso es Wacken. 80 mil comegatos viendo a unos locos haciendo música, pero más allá de eso, existe el tema social donde te das cuenta que tienes que convivir cinco días con miles de personas que solo fueron a ver los conciertos, otros fueros a beber y comer, otros solo quieren un excusa para compartir con buenos amigos, otros solo fueron porque simplemente les gusta acampar.

Eso es Wacken, otro experimento social de juntar tanta gente que ya no importa si eres negro o blanco, latino o europeo, thrasher o punk, vikingo o gótico, si hablas mandarín o italiano, si eres hombre o mujer, si estás en pleno o discapacitado, si amas el Metal o no. 

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Algo que quiero resaltar sobre la experiencia en Wacken, es la amabilidad de las personas presentes allí. Una dosis de primer mundo entre tanto metalero loco, que sin duda me impresionó. 

Si alguien te golpea sin querer, te pide disculpas mil veces. Si alguien no te deja ver, se aparta; si alguien ve que tienes sed, te da agua. Nada de eso me ha pasado en algún concierto en Venezuela. Punto a favor de Wacken y sus metaleros locos. 

Fueron los cinco días más extremos de mi vida, donde disfruté de la música que amo, donde comí como cerdo, donde compartí con miles de vecinos, donde me sentí un buen venezolano. 

Wacken Open Air 2016 me espera (eso espero), y esta vez para prepararme mejor y colarme entre aquellos que disfrutan de la música sin importar a quién tengas al lado. 

Gracias a todos los que de una forma u otra me ayudaron para que esta experiencia del 2014 fuera tan ruidosa como el infierno. Nos vemos en un par de años, Wacken.

@Evansth_

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