Reportaje: Las “balas frías” disparan al pecho -y al bolsillo- del venezolano

Importante: Este artículo contiene precios del 24 de junio de 2015. Si lees esto mucho después de esta fecha, notarás el golpe de la inflación. Eventualmente será actualizado y así lamentarnos juntos.

Por alguna razón, muchas veces ha tocado comer en la calle,  barajas opciones en locales de comida rápida, restaurantes y panaderías, donde los excesivos precios consumen el bolsillo de casi cualquiera; entonces decides ir a esos famosos “perreros” que entre miles de salsas y parrilleras ardiendo, sirven a toda velocidad un gustoso perro caliente, una hamburguesa o un famoso pepito.

Aquí es donde entran en juego diversos factores relacionados a nuestra salud y el bolsillo. De la salud, ya sabemos que comer en estos sitios no siempre es lo mas saludable e higiénico, además de las consecuencias del consumo excesivo de harinas, embutidos y salsas caseras. El otro punto llega directo a la economía, donde un venezolano promedio podría gastar hasta 600 bolívares (2000 Bs. a abril de 2016)  si consume una hamburguesa regular y un refresco. Golpe a la salud y golpe a la cuenta de banco si frecuentas estos sitios.

No escribo aquí para hablar de salud o temas fitness, ahora, has preguntado ¿cuánto en ingresos mensuales obtiene un negocio de comida chatarra? ¿cuánto dinero gana un perrero?

La respuesta es feliz para algunos y triste para muchos otros. El señor Juan dijo que el mes pasado (solo mayo) obtuvo cerca de 25 mil Bs. por la venta de perros calientes, hamburguesas y pepitos en un negocio que comparten siete personas, algo que remotamente alcanza un profesional universitario con varios años de experiencia laboral en cualquier empresa venezolana. Sí, yo también quiero salir corriendo a invertir en un negocio de estos.

Recorrí aproximadamente 800 metros de la Avenida Francisco de Miranda un día viernes, entrevistando un total de 5 puestos de “perreros” para obtener, entre otros datos, qué tan rentable es el negocio de la venta de comida callejera, sus ventajas, sus contras, los peligros, las ganancias y cómo deben lidiar frente a la grave crisis económica que atraviesa el país.

Rentabilidad

El señor Juan me comentó que hay días buenos, malos, excelentes y “arrechísimos”. Un día malo para ellos se traduce a medio día de trabajo un domingo que no es quincena, donde trabajando de 12pm a 5pm han hecho en promedio unos 15 mil bolívares por día. Con esa ganancia, por ejemplo, ya pueden comprar pan para perros calientes por toda una semana.

Un día bueno o promedio, trabajando en turno regular de 11am a 9pm, hacen entre 25 a 55 mil bolívares. (75 a 150 mil Bs. a abril de 2016) Indican que la gente no para de comprar, que casi nunca están parados haciendo nada, pues “cliente es lo que sobra“.

Un día de venta excelente o “arrechísimo”, como indicó el joven Eduard, se traduce prácticamente en un fortuna para el asalariado promedio en Venezuela: “Normalmente un viernes de quincena hacemos como 80 palos, muchas veces incluso llegamos a 90 y una vez llegamos a 100, pero esa vez fue porque se fue la luz en la torre, era viernes de quincena y la gente de las oficinas no tenía dónde calentar la comida“.

Al preguntarles sobre el promedio del dinero que obtienen mensualmente, indicaron “es mucho, pero los gastos que tenemos hace que al final no sea la mejor platica la ganancia“. Eduard indicó que en un mes promedio hacen entre 700 a 900 mil bolívares. Sí, es lo mismo a que yo trabajara por 10 años ganando sueldo mínimo en Venezuela.

Los números no fallan: Un pepito mixto más un refresco de lata sale en 550 bolívares, asumamos que vendan 6 pepitos y refrescos por cada hora trabajada, al final de la jornada es casi 30 mil bolívares en ganancias, sin sumar lo más vendido: perros calientes a 100 Bs. y hamburguesas a 350 Bs. Sí, las cuentas dan.

Y para que no quede duda, en los diversos puestos de perreros, lo más vendido va en el siguiente orden: 

Perros calientes (90 a 100 bolívares a junio de 2015) (260 a 350 Bs. abril de 2016)

Hamburguesas (300 a 400 Bs. junio de 2015) (900 a 1600 Bs. abril de 2016)

Shawarmas (250 a 350 Bs. junio de 2015) (1000 a 1300 Bs. abril de 2016)

Pepitos (400 a 520 Bs.. junio de 2015) (1200 a 1700 Bs. abril de 2016)

Jumbos (200 a 300 Bs. junio de 2015) (450 a 700 Bs. abril de 2016)

Un día de salario mínimo venezolano es de aproximadamente 338 bolívares (junio de 2015), (417 Bs. a abril de 2016) lo mismo que una hamburguesa. Cuando te preguntes en dónde has gastado ese dinero, piensa en la rica bala fría del otro día.

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Ventajas de ingresar a este tipo de negocio

Según lo relatado por los diversos vendedores, lo mejor de ser parte de un negocio de venta de “comida chatarra” es no ser dependiente, ya que las ganancias llegan a través de los clientes que ya están fidelizados con el negocio. Además, la venta llega prácticamente sola, pues no utilizan medios para hacer publicidad y les parece que no es necesario invertir en otros instrumentos promocionales, por lo tanto se ahorra en gastos.

El horario es otro factor a favor del negocio, la jornada se basa en 10 horas de trabajo, pero flexibles cuando se organizan turnos y guardias para la venta, incluyendo los fines de semana.

Situación del país

No todo es color rosa u olor a una rica carne asada, pues el negocio se torna inseguro con solo establecerlo en Caracas: Pese a nunca ser víctimas del hampa a mano armada (mismo caso en los puestos visitados), sí han sido victimas del hurto de alguno que otro “vivo” que se va sin pagar. Eduard cuenta que muchas veces hay gente que se aprovecha de la afluencia en el negocio para “pedir un perrito y pirarla caretabla”, o incluso de lo ociosos que toman las salsas y se las llevan sin que nadie se dé cuenta.

Para garantizar su seguridad en horas nocturnas, muchos negocios reciben la “amable” visita del CICPC, Polichacao y Policaracas, que en tono familiar y confianzudo, piden perros calientes, hamburguesas y pepitos para llevar o comer dentro de las unidades, pero claro, solo recibiendo “seguridad” a cambio. Nada de efectivo. Esta situación la relata con tono irónico uno de los “perreros” entrevistados, acusando “es mejor hacerse panas de ellos, porque a la hora de la verdad pueden salvarte y un perrito menos no hace daño”. Claro, estas visitas uniformadas son casi diarias.

Ahora, el factor crítico en cuanto a la economía aplicada a la comida callejera, radica en la situación actual del país. Escasez, inflación, altos costos, los “bachaqueros” y los contactos que consiguen cualquier tipo de producto, se relacionan directamente a la venta de comida callejera.

José tiene 5 años trabajando preparando perros, hamburguesas y pepitos, dice que nunca antes se había vivido una situación como la actual. “Yo llamo a un pana con un camión que nos consigue de todo. Carne, pan, pollo, papitas y no los trae ahí mismito. Claro, todo eso viene full caro, pero es mejor pagar así que ponerse a parir en una cola”, puntualizó José.

El alto precio de la carne, el desabastecimiento de  pollo, la falta de pan de calidad, lo dificultad de conseguir algunas salsas, la escasez de servilletas y la obligación de recurrir a algún “contacto” para conseguir la mercancía, merma las ganancias y el trabajo de los famosos “perreros”.

“Nosotros estamos en el negocio, nos va bien, hacemos dinero, pero así como ganamos también invertimos mucha plata. Pagamos mercancía, a los contactos, regalamos comida a los policías, invertimos en mejores productos y carne de calidad; también pagamos anualmente a la Alcaldía de Chacao por los derechos legales. Sumamos todo eso y al final nos quedamos solo con las ganancias. No somos millonarios”, cuenta Marvin mientras prepara un famoso pepito mixto a un cliente que espera ansioso.

Clientes

Ellos saben que la bala fría es “de confianza”, pues comen ahí casi todo el tiempo a sabiendas de lo dañino que resulta la ingesta frecuente de este tipo de comidas con altos valores de colesterol y harinas.

Laura pidió un “perrito pura papa”, y contó que siempre que tiene tiempo y algo de dinero come un perro caliente, pues “siempre la llena” además de ser una merienda a su gusto. Está consciente de que no es el mejor tipo de alimento, pero compara con sitios de comida en centros comerciales y el presupuesto muchas veces no le alcanza. “Una hamburguesa acá cuesta 300 bolívares con todo, yo voy a un centro comercial y me cobran hasta 800 bolívares por un pan con carne”, destacó.

Ismael pidió un pepito de carne y chorizo para llevar, quizás un plato bastante fuerte para cenar a las 7 de la noche. Dice que come ahí todos los viernes porque es el único día en que su esposa no le hace comida para cenar. “Nunca me ha caído mal algo de aquí, siempre es sabroso y como puedes ver, bien higiénico. Vale la pena comer aquí”, finalizó.

Aunque una hamburguesa y refresco pueda ser 450 bolívares en total, y quizás el gasto no se refleje ese día, a final de mes se hace notar en las finanzas del venezolano que se acostumbró a comer en este tipo de sitios, donde a pesar de lo sabroso y su genial forma de publicidad (el olor que llega a toda la avenida), puede resultar bastante caro si lo frecuentan varios días a la semana. Una persona que coma una hamburguesa y un refresco dos veces a la semana, a final de mes terminará gastando casi 2 mil bolívares.

En un país donde los sitios alternativos toman auge y el venezolano busca la forma de estirar la quincena, los sitios de comida chatarra o “perreros” se han convertido en una opción para quienes buscan comer mucho y pagar sin excesos. Aunado a esto, quizás los más sorprendente son las cifras dadas por los dueños de este tipo de negocio, ganancias que muchas veces sobrepasan el presupuesto de pequeñas empresas de oficina, y que gracias a eso, pueden pagarle a un preparador de perros calientes y hamburguesas mucho más de lo que gana un profesional con título universitario.

 @Evansth_

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