Encontrando norte en el sur

Hace exactamente un año cerré un ciclo para abrir otro, y honestamente siento que este ha sido el año que con extraña percepción, ha pasado demasiado rápido; quizás porque ahora siempre tengo más cosas para hacer, o porque simplemente disfruto más de todo, del entorno.

Esta no es la típica nota de recomendaciones pre y post migración, tampoco diré todo lo que extraño entre lágrimas, tampoco me quejaré de mis males, mucho menos voy a criticar a quienes se quedan y a quienes se van (solo a algunos ridículos). Simplemente es un espacio de una persona que a través de la escritura, expresa todo lo que en un año una persona puede cambiar, aprender, reconocer, admirar, recordar y agradecer.

Tras 12 meses viviendo en un país en el que llegué por primera vez hace un año, donde no nací, ni me sentí identificado, y apenas sabía un poco de su historia que empecé a estudiar hace 18 meses, hoy puedo decir que pasé por demasiado -y lo que falta- para llegar a donde estoy. (sin que suene dramático o que crean que me fui caminando o con 50 dólares).

Desde casi hacer malabarismos para poder comprar un pasaje aéreo, pelear con sitios web y organismos del Estado venezolano por un bendito papel firmado y sellado, hacer maletas y sentir que la vida es corta e injusta, despedirse en un aeropuerto y voltear hacía atrás para romperse el corazón en pedazos, llegar a una nueva cultura con el templado otoño, ser recibido por personas que se convirtieron en tu primer impulso para andar hacia adelante, caminar kilómetros en las calles sin miedo buscando nuevas oportunidades de empleo, ir a tu primera entrevista y tener más nervios que ganas de vivir, cobrar tu primer sueldo y no dormir sacando cuentas, obtener un nuevo documento de identidad e ir a casa con esa media sonrisa de “sí, lo estoy logrando”, pagar por un techo que se convierte en hogar, acostumbrarse a la mal llamada histeria colectiva -y ser parte de ella-, conocer gente buena, mala, extraña, decepcionarse de todo, alegrarse de nada, contestar la llamada del empleo ideal, hacer turismo y perderse, aprenderse las calles con astucia, darse un lujo sin arrepentimientos, aprender a ahorrar y a gastar, convivir en pareja con acierto, seguir trabajando fuerte sin mirar a los demás, hacer amigos y convertirlos en referencias, ver al futuro y pensar en grande, ver el pasado en este último año que pasó. Dar vuelta atrás y decir “casi lo lograste”, porque el logro total es realmente absoluto cuando entiendes que por todo lo que has pasado es una base sólida de una nueva vida, una familia. Hoy son 365 días.

Me sentí echado del país cada día que veía -y redactaba- malas noticias; el alto costo de la vida, la inseguridad y ese “no encajo aquí” que muchos sienten fueron la mezcla ideal para tomar una decisión que entre oportunidades, iba creciendo.

No saben cuánto consulté, pregunté y fastidié a muchos amigos que viven aquí, sobre la documentación, el estilo de vida, el dinero, el trabajo, etc.; aunque parezca molesto, es necesario el asesoramiento indicado, sin llegar al acoso, claro está.

Un año después, admito que el llamado “duelo del migratorio” existe, es la parte de ti que se queda en tu familia, en quienes quieres. En mi caso, no por el país, ni sus maravillas, ni sus riquezas ni su gente, sino mi familia, quienes son creadores de lo que soy. Simplemente sigues extrañando y siendo fuerte, porque si hay algo más fuerte que la distancia, es el amor de familia. Y aquí doy gracias al creador de Skype por los favores recibidos.

Un año después, tengo dos empleos y muchos clientes freelance. Pasé de comenzar a trabajar en mi tercer día en el país como operador en un call center, vender planes para Movistar, ser cajero y llevar la contabilidad en una carnicería, a trabajar en lo que me gusta: escribir sobre cine (y en inglés), gestionar redes sociales, tener clientes que confían en mí para llevar sus cuentas. Así y todo siempre quiero más.

Un año después, vivo en una tranquila zona, salgo a la calle con la misma emoción del primer día, porque siempre descubro algo nuevo. Ahorré y compré cosas que quiero -y faltan-, me organicé y cambié lo que sentía que fallaba en mí.

Un año después, comencé a estudiar dos diplomados al mismo tiempo, y de lo que me gusta. Un año después no tengo tiempo para nada, pero qué sabroso sabe el tiempo bien invertido.

Un año después conservo y cultivé amistades, aprendí y conviví con ellos, que de alguna forma u otra forma, han ayudado en todo esto.

Un año después, agradezco a ellos que con cada acción, demostraron ser las personas que son, porque desde la venta de un dólar están en Venezuela, pasando por una recomendación por mensaje privado, hasta un techo temporal en Buenos Aires, les agradezco con todo el corazón. Grano a grano, me ayudaron a lograrlo y no me olvido: a mi familia en general, que los extraño más que nada y por encima de todo, a mi novia que siempre ha estado conmigo en estas mismas situaciones, a mis amigos (sin orden específico) Oscar, Patricia, Jennifer, Román, Marian, Danielis, Luis Guillermo, Bárbara, Luis, Jessica, Álvaro, Érika, María Fernanda, Carlos, Domingo, Michel, Oscmir, Patricio, Male, Ernesto, Andrea, Marielba, Carlos, Oriana, Gilberto, Renzo, Andrés, César y a muchos más que sin saberlo, aportan siempre, a ti, a mí y a otros. A todos, gracias.

Buenos Aires es una ciudad de oportunidades, solo es cuestión de saber buscarlas y capitalizarlas, un sitio de convivir con gente de carácter diferente, que poco a poco te van moldeando, a eso le llamamos “adaptación”, y es una adaptación necesaria aquí, en Lituania y en China. Sí, es aquella adaptación que a veces muchos critican con un “ay, tienes 3 meses allá y ya dices -inserte palabra necesaria para comunicación con el nativo-“. A la gente que piensa así, déjenme decirles que deben expandir su mente, quizás por eso no ven el crecimiento personal y espiritual de los demás.

Hoy a un año de haber llegado aquí, siento que he logrado más que los últimos años en Caracas, y se siente extraño eso de estar todavía en un país desconocido pero teniendo lo que quizás más quisiste en tu propia tierra. El duelo migratorio también significa eso, saber enfrentar el “aquí estoy” y el “allá estaba”, como parte de nuestra toma de decisiones diarias, desde lo más irrelevante, hasta lo más importante. El duelo migratorio se basa exactamente, a menos para mí, en dos cosas: el extrañar (a tu familia, lo tuyo), y en el “qué hubiera pasado si”. Son dos maneras que aún hoy componen mi día a día, y asumo que con el tiempo es algo que se va asimilando.

¿Volver? Prefiero que lo que extraño venga a mí. Pueden tildarme de antinacionalista, de que tengo poco amor por la llamada patria, de que no me importa mi país, pero la realidad es que no. Nada de eso, pero sí estoy convencido de que mirar atrás no es un plan, al menos no en muchos años. Yo me fui molesto del sitio donde nací y crecí, me fui con rabia, con desgano, con decepción, con la certeza de que uno es de donde quiere ser. Algún día probablemente pueda dejar eso atrás, siempre y cuando las cosas cambien, la gente cambie y yo como persona pueda haber madurado totalmente.

Cada día más son los amigos y conocidos que les toca pasar por lo poco que resumí escribiendo esto, es un dato triste pero su vez me alegra, pues significa siempre crecimiento personal y dejar atrás un sitio que hace daño. A ellos, les deseo éxito y suerte; que tengan constancia, no decaigan y siempre sigan adelante. El camino debe ser largo, fuerte y aleccionador, pero las recompensas se van viendo con lo que vamos sembrando con nuestros pasos.

Hoy puedo decir que estoy feliz, estoy bien (hola mamá), pero aún falta, de eso se trata vivir a plenitud, siempre trabajar para tener lo que queremos, y eso no se da ni en uno, dos o tres años. Aun me siento un novato aquí, pero con ideales de veterano con visión a futuro y muchas metas por alcanzar.

Gracias Buenos Aires por tu extraño clima, tus cielos de pintor inspirado, tu brisa del Río de la Plata, tus calles de historia, tu gente de extremos y no medios, tus olores a pan recién horneado, tu histeria donde encajo, tus atardeceres que cierran capítulos.

Si quieres salir de Venezuela, pienso que lo principal es tener en cuenta 3 cosas y partir de ellas para lograr éxito: ahorrar dinero, tener documentación al día, tener ganas de cambiar y salir adelante. El resto, viene solo.

Si llegaste a leer este extenso texto hasta el final, te doy las gracias. Mereces más de lo que crees.

 

 

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